Un mate de cerámica artesanal no es un mate más: es una pieza única que, bien cuidada, te acompaña décadas. La buena noticia es que cuidarlo es mucho más simple de lo que dicen los mitos. Acá va todo lo que necesitás saber.
No. El famoso "curado" (con yerba húmeda, días de espera, brasas y otros rituales) es necesario en mates de calabaza o de palo santo, que son porosos. La cerámica esmaltada ya está sellada por el esmalte y el horneado a alta temperatura: podés usarlo directamente el primer día, apenas lo enjuagues.
La cerámica tolera muy bien el agua caliente del mate (75-85°C). Lo que no le gusta a ninguna cerámica es el cambio brusco de temperatura: pasar de la heladera al agua hirviendo, o apoyar la pieza helada sobre una hornalla. Si el mate está frío, templalo primero con agua tibia y después cebá normalmente.
Las manchas de yerba en el borde sin esmaltar salen con bicarbonato y un cepillo suave. Si la pieza se astilla o se quiebra, escribinos: muchas veces tiene arreglo, y si no, la kintsugi-manía nos encanta como excusa para hacer una pieza nueva con historia.
Así de simple. Un mate de cerámica bien cuidado no se "gasta": se vuelve más tuyo con cada cebada.
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